Puede resultar difícil comprender lo que significan 975 años. No se trata solo del paso de las estaciones, sino de generaciones de personas, sociedades, tecnologías e incluso imperios que han surgido y desaparecido.
Sin embargo, hay lugares que han permanecido a lo largo de todo ese tiempo. Este sábado, la Lavra de Kyiv-Pechersk conmemoró su 975º aniversario.
Fundada en 1051, la Lavra es un santuario cristiano y un testimonio de la continuidad de la historia de Ucrania y de su tradición estatal. A lo largo de los siglos, se convirtió en un centro de la escritura de crónicas, la impresión de libros, el pensamiento teológico, la educación, la medicina, la arquitectura, la pintura de iconos, el grabado, la música y las artes.
Formó parte del mundo europeo y bizantino mucho antes del surgimiento de la tradición imperial rusa, que posteriormente intentó apropiarse y borrar su legado ucraniano. Recuperar hoy la voz ucraniana de la Lavra significa restablecer esos vínculos históricos: desde sus fundadores, san Antonio y san Teodosio, hasta los príncipes, hetmanes, académicos, artistas, benefactores, profesionales de museos y restauradores que la forjaron y preservaron a lo largo de los siglos.
Sin embargo, este complejo de casi mil años de antigüedad, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, sigue estando hoy en peligro debido a la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. El 15 de junio de 2026, durante un ataque masivo ruso contra Kyiv, un dron de ataque impactó deliberadamente la Catedral de la Dormición de la Lavra de Kyiv-Pechersk, dañando aproximadamente el 80 % de su techo.
Después de 975 años, la historia de la Lavra nos recuerda con fuerza por qué debe ser protegida: como parte de la memoria nacional de Ucrania y del patrimonio cultural compartido de toda la humanidad.